Ningún título es más apropiado para los tiempos actuales que este.

Como se sabe, así se tituló la obra del argentino Juan Bautista Alberdi con la que participó a destiempo en un concurso de la “La ligue Internationale et permanente de la Paix” con sede en París.

Sagaz observador en esa pequeña obra, profunda y trascendente, demolió al derecho romano por discriminar al extranjero, pero con claridad nos enseñó que la guerra autoriza lo que en circunstancias normales se rechaza: matar a otro hombre.

Se anticipó a ofrecer una solución: “el medio de abolir la guerra es ayudar a la consolidación del mundo en un Estado de Estados, sociedad de sociedades, Nación de naciones, cómo una especie de entidad común, que haga la justicia, que hoy se hace cada uno por la guerra…

Quizás anticipó la Sociedad de Naciones, la ONU, el estatuto de Roma, la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional, etc., en un devenir, luego que la humanidad experimentara el mal absoluto con el nazismo, que parecía un único camino hacia la realización de la justicia.

Pero con todo, no ha sido así.

Persistieron los genocidios, y la profecía alberdiana fue superada por venganzas y muerte tan antiguas como el hombre mismo.

El terrorismo, que inauguraron los antiguos sicarios, se apoderó de la historia a punto tal que usó al propio Estado para su acción.

A no bajar la guardia y a continuar el camino que, a pesar de los avances y retrocesos, la Paz no es solo una utopía, es la causa de la propia realización del ser humano.

Autor

  • Político, escritor, abogado y ex asesor de la Unidad Especial Investigación atentado AMIA (Argentina)


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